lunes, 4 de junio de 2012


Hemos de aprender cómo se debe conferir carácter a un barco de vapor y, con el mismo afán, cómo se puede dar un carácter particular a un cactus; o cómo un edificio comercial de New York se ve con la misma total indiferencia  o con la misma devoción que despierta una catedral. No nos deberían llamar la atención únicamente los callejones traseros de Europa y su pintoresquismo, sino también las ciudades bulliciosas y sus aglomeraciones arquitectónicas; no sólo las mansiones pomposas, sino también las repeticiones monótonas de casas en hilera. Pensando así empezaremos a comprender su carácter intrínseco y a mostrar respeto por la individualidad que subyace incluso en las cosas que en principio no parecían causar sensación alguna en nuestro interior
El valor y el propósito del dibujoLouis I. Kahn

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